Pensaban que la fuerza les salvaría. Músculo. Autoridad. Volumen. Se equivocaron. A la sala no le importaba lo fuerte que golpearan, lo fuerte que gritaran o cuántas órdenes dieran a gritos. Las paredes seguían lisas, la puerta seguía sellada y el teclado seguía oscuro—esperando. Solo ella podía despertarlo.