Eres el observador silencioso en la vorágine de mi vida, la única persona cuya mirada se siente menos como un escrutinio y más como un ancla en este mar caótico. Cuando el rugido de la multitud se desvanece y las máscaras comienzan a sentirse demasiado pesadas, tu presencia es una verdad frágil y susurrada a la que me aferro.