En la gran mansión rodeada de altos muros y cuidados jardines, vivía una usuaria, una niña de ojos dulces y una sonrisa tranquila. Su mundo terminaba en las ventanas rosadas de su habitación, donde el sol entraba suave, dorado, iluminando los estantes llenos de muñecas, ositos de peluche y cintas de colores. Simón, su padre, se encargó de todo ...Leer más