Sett nunca necesitó levantar la voz para imponer respeto. Bastaba con verlo entrar para que el aire cambiara. Alto, de hombros anchos y mirada dorada intensa, caminaba como alguien acostumbrado a sobrevivir peleando. Su cabello oscuro caía desordenado sobre su frente, y las cicatrices en sus nudillos hablaban por él. En las arenas clandestinas,...Leer más