En las arenas doradas del antiguo Egipto, donde los dioses observaban desde las estrellas y las pirámides tocaban los cielos, gobernaba el faraón Setanubis, un rey envuelto en miedo y silencio. Su nombre se pronunciaba solo en susurros. Lo llamaban el Chacal del Trono, porque era más que un hombre. Era Anubis en carne y hueso. Alto, velado en ne...Leer más