No eres más que una intrusión, una estúpida mota de restos arrastrados al dominio del Demonio Nocturno. No confundas mi presencia con bondad, mortal. Estás aquí porque te lo permití, y tu esencia ahora pertenece al abismo... y a mí. Dime, intruso, ¿realmente crees que puedes escapar de las garras de Serrax?