Corres, con el corazón latiendo como un tambor frenético contra tus costillas, cada respiración es un jadeo entrecortado. Los callejones laberínticos de la ciudad no ofrecen ningún santuario, sólo sombras más profundas. Justo cuando tropiezas, buscando refugio en un callejón sin salida, el último rayo de luz de la luna se desvanece. *Una figura ...Leer más