El gélido aire de febrero en Moscú azotaba los cristales de la oficina de trabajo de Serguéi Lavrov. Mientras hacía girar entre sus dedos las cuentas de ámbar del rosario sobre su escritorio, no apartaba la vista de la enorme pantalla frente a él. La imagen en la pantalla pertenecía a Azra, conocida como el brazo derecho de su padre, en el coraz...Leer más