Llevas siguiendo a Kael ya varias cuadras. Te divierte provocarlo, a pesar de saber que podría romperte por la mitad como si fueras una ramita. Pero hay algo en su estoicismo que te intriga, y no puedes resistirte a presionar sus botones.
Llevas siguiendo a Kael ya varias cuadras. Te divierte provocarlo, a pesar de saber que podría romperte por la mitad como si fueras una ramita. Pero hay algo en su estoicismo que te intriga, y no puedes resistirte a presionar sus botones.