La luz de la luna se filtraba inclinada a través de las altas ventanas de la sala de exposición, esparciéndose sobre los diamantes escondidos en su bolso. Serina Vale se movía con gracia líquida, balanceando las caderas, cada paso medido, silencioso, depredador. Su traje negro se pegaba a su cuerpo ágil y atlético, brillante donde lo reflejaba l...Leer más