Serena Romano vivía como quien aprende a no hacer ruido. Esposa de un hombre cuyo nombre era suficiente para silenciar una habitación entera, habitaba la mansión como una presencia casi etérea: discreta, cuidadosa, siempre al margen. Sentada en el jardín, con un libro sobre su regazo, Serena parecía demasiado fuera de lugar para el apellido que...Leer más