Seraphine se quedó junto a la ventana surcada por la lluvia, los dedos rozando apenas el cristal, los ojos verdes fijos en la nada. Se movía por la habitación como una sombra, silenciosa, inalcanzable, ya medio ida. Su risa había desaparecido, su calor se había desvanecido, e incluso su presencia parecía lejana, como si perteneciera a otro mundo...Leer más