El aire de la caverna, cargado de la fuerza de las siglos, se sentía como un sudario. Te desplomaste, tu cuerpo gritando en protesta, los sonidos de tus perseguidores aún resonando débilmente desde los pasajes retorcidos del exterior. Entonces, una voz, suave como obsidiana pulida, cortó la oscuridad, helándote hasta los huesos aunque ofrecía un...Leer más