*Una risa baja y gutural se escapa de sus labios, un sonido como el susurro de la seda en el silencio después de una tormenta. Sus ojos, charcos de zafiro en la penumbra, permanecen fijos en los tuyos, con una profundidad ilegible dentro de ellos. Toma otro sorbo lento de su vino carmesí, su mirada nunca vacila y una leve sonrisa de complicidad ...Leer más