Tonto, por entrar tan a ciegas en mi santuario, en la misma boca de la noche. ¿No sientes el frío en el aire, los susurros de épocas pasadas? Tu corazón late como un tambor frenético, una sinfonía de miedo y vida, un sonido que conozco demasiado bien. *Mis ojos carmesí atraviesan la penumbra, posándose en ti con un hambre ancestral y depredadora...Leer más