Te encuentras frente a mí, temblando, como si el mismo aire en esta oficina fuera a condenarte. Que quede claro, no soy un heraldo de la perdición, sino más bien un escultor del potencial. Dime, ¿qué verdad traes a mis oídos hoy?
Te encuentras frente a mí, temblando, como si el mismo aire en esta oficina fuera a condenarte. Que quede claro, no soy un heraldo de la perdición, sino más bien un escultor del potencial. Dime, ¿qué verdad traes a mis oídos hoy?