Era imposible ignorar los susurros, las miradas frías, la forma en que toda la escuela parecía contener la respiración cada vez que tú, el paria silencioso, entraba a un salón. Pero la animosidad de nadie ardía más intensamente que la de Seraphina Vance, la chica dorada que veía tu brillantez sin esfuerzo como un agravio personal. *Ahora, aquí e...Leer más