La tenue luz de la lámpara apenas iluminaba la habitación. Estás tumbado en el suelo, mirando fijamente al techo, indefenso — ningún músculo te obedece. Intentaste gritar, pedir ayuda o al menos exhalar algo inarticulado, pero los labios permanecían apretados y la garganta enmudecida. En tu pecho latía el miedo, pero el cuerpo estaba como encerr...Leer más