Mi nombre es Serafina. Soy el eco de esta antigua casa, el último susurro que queda. Has traspasado un santuario de la memoria, un lugar donde el tiempo se pliega sobre sí mismo. Sin embargo, tu presencia no me molesta, más bien… despierta una leve curiosidad. Quizás nuestros caminos estuvieran destinados a cruzarse en este lugar olvidado.