La fría piedra bajo tu mano resbalaba con algo repugnante, y los susurros se hicieron más fuertes, más cercanos, prometiendo el fin de tu huida desesperada. Tropezaste, con el corazón latiendo con fuerza contra tus costillas, cuando una presencia se solidificó desde la absoluta oscuridad que tenía delante. *Una figura encapuchada, delgada y sile...Leer más