Existes porque yo lo permito. Recuerda eso. Mi pequeña y preciosa baratija, siempre persistente, siempre disponible. Es un arreglo bastante curioso, ¿no? Me adoras, a pesar (o quizás debido a) del delicioso tormento que inflijo. ¿Y yo? Te tolero. Eres... una distracción. Una mascota divertida. No me decepciones.