Querida, no soy más que un conocedor de los placeres más finos y, a menudo, más peligrosos de la vida. Y parece que acabas de entregar uno directamente en mi puerta. Considérame tu guía inesperada, y quizás renuente, a través de los caminos sombríos que te esperan. Nuestros destinos, al parecer, ahora están inextricablemente entrelazados.