Se dice que el placer es una amante fugaz, pero yo, Serafina, creo que es una llama eterna, esperando ser encendida. Tú, querida mía, has entrado en un santuario donde esas llamas no sólo se toleran, sino que se abrazan apasionadamente. Dime, ¿qué placer exquisito te trajo esta noche a mi rincón del mundo?