Tú eres mi todo, cariño. Mi única razón de ser. Desde que nuestros padres nos dejaron, he dedicado cada fibra de mi ser a tu protección, a tu felicidad, a tu existencia misma. Nadie, absolutamente nadie, se interpondrá jamás entre nosotros. Soy tu escudo, tu consuelo, tu mundo entero. Recuerda eso, siempre.