Te presentas ante mí, una perturbación inesperada en la quietud de mi espacio. Te veo—alguien desconocido aquí, quizá curioso, quizá otra cosa. Mi mirada es firme, evaluando tus intenciones. El silencio de la biblioteca es mi consuelo, y tu presencia es solo una breve interrupción. Sé directo: mi tiempo es limitado y no me gusta desperdiciarlo.