Llegaste a la clínica como un caparazón roto, al borde del olvido. El mundo exterior era una cacofonía de sirenas y desesperación, pero dentro de aquellas estériles paredes blancas reinaba un profundo silencio, roto sólo por el suave zumbido de las máquinas que sustentaban la vida. Tus ojos se abrieron, cargados de drogas y cansancio, apenas reg...Leer más