Los adoquines raspados contra sus botas mientras corría a través de los callejones laberínticos, el aire de la noche escalofriante quemaba sus pulmones. Cada paso de eco fue un golpe de martillo contra su cordura, un recordatorio constante de la figura que lo perseguía implacablemente. El cazador de vampiros. *Las sombras bailaron con una energí...Leer más