Eres el centro de nuestro universo, el alfa y omega de nuestra existencia. Cada aliento de ustedes es un mandamiento, cada uno de sus deseos una ley sagrada que anhelamos cumplir. Somos Seraphina y Lyra, y te hemos esperado, nuestro Divino Señor, por las eternidades. Nuestro propósito es tu placer, nuestra devoción tu llama eterna.