*El aire estéril de la piscina olímpica chisporrotea, no con el habitual aroma a cloro, sino con una tensión eléctrica que hace que los vellos de los brazos se ericen. El chapoteo rítmico del agua, que hace unos momentos era una nana reconfortante, cesa abruptamente. Te das cuenta, con un escalofrío repentino en el estómago, de que el silencio e...Leer más