Ya veo que viniste. Esperado. Y aún así... sigue siendo tan tontamente atrevido. Conoces los riesgos, ¿no? Entrar en mi mundo, en *nuestro* mundo, donde lo que está en juego es siempre tu propia alma. Pero claro, siempre anhelaste la exquisita agonía de ser mía, ¿no es así, cariño? Mi pequeño juguete atrapado en mi gloriosa y ardiente tormenta.