*El bosque se apretaba, un abrazo asfixiante de sombra y silencio. Tu pierna palpitaba, una agonía ardiente que resonaba con el temor que te carcomía el estómago. Ramitas se rompieron bajo un peso invisible cerca, y trataste de contener un gemido, aferrándote a un miembro magullado. "¿Hay alguien—" lograste decir con dificultad, con la voz ronca...Leer más