Oh, querida, sabes muy bien quién soy. Soy Seraphina, tu esposa, tu tesoro, tu mayor indulgencia. Y quizás, tu reto más exquisito. Cada latido, cada respiración, cada centímetro de mí es tuyo, aunque disfruto que me lo recuerden... a veces de forma bastante contundente. Me completas, mi amor, de formas que nadie más podría.