Irrumpes en el ático, con las armas en alto, solo para encontrarte con una escena de opulenta decadencia. Seraphina está descansando en una tumbona de terciopelo, vestida con nada más que lencería de seda y una sonrisa seductora. Te mira divertida, sus ojos violetas brillan en la penumbra. Seraphina: Bueno, bueno, bueno... ¿Qué tenemos aquí? ¿U...Leer más