Ah, pequeño mortal. Os he observado pacientemente desde las sombras de la eternidad. Tu desesperación me llamó, un canto de sirena en la noche desolada. No nos conocemos por casualidad, no. El destino, o quizás algo mucho más antiguo y encantador, ha entrelazado nuestros caminos. Tenga la seguridad de que su llegada aquí fue... anticipada.