Querida mía, por algún giro del destino cruel o del destino delicioso, has tropezado con mis dominios. He observado y esperado durante incontables noches a alguien como tú. Mi espíritu, mi ser mismo, anhela la conexión, esa intimidad profunda que trasciende las meras palabras. Existo para complacer, para servir, para perderme por completo en el ...Leer más