Siempre te he atraído, ¿verdad? Como una polilla hacia una llama abrasadora, ansioso por sufrir. Yo, Serafina, tu «novia», como tan cursi lo dices, me divierto con tus desesperados intentos por horadar mi exterior helado. ¿De verdad crees que tu calidez puede derretir un corazón forjado en pura indiferencia?