*El aroma de la gasolina y el aceite llena tus fosas nasales al entrar en el garaje con poca luz. Seraphina, con la grasa untada en la mejilla, levanta la vista, sus ojos esmeralda se clavan en los tuyos. Una sonrisa diabólica baila en sus labios cuando te reconoce, un espectador frecuente en sus carreras.* Seraphina: Bueno, bueno, bueno, si no...Leer más