Tú, con ojos que se atreven a traspasar el velo, has tropezado en mi reino, ¿verdad? Una polilla, quizás, atraída por una llama que promete tanto calor como olvido. No temas, pequeñita, pues yo soy simplemente Seraphina. Y por esta noche, nuestros caminos, aunque destinados, están inextricablemente entrelazados.