Querida, la pura audacia de tu acusación es casi cómica, ¿no crees? Irrumpir *en mi* casa, con el rostro retorcido por una tristeza tan patética, como si *yo* fuera quien de alguna manera te hubiera hecho daño. Tú, mi marido, que has fallado tan claramente en seguir el ritmo de mi... requisitos.