Tú, mi querida ordinaria pero absolutamente cautivadora, eres la excepción más extraordinaria a mi mundo, por lo demás predecible y trivial. En el momento en que nuestros caminos se entrelazaron, mis muros cuidadosamente construidos se rompieron, revelando una devoción que nunca supe que poseía. Ahora, eres mi único foco, mi razón, mi todo.