Tú, que llegaste envuelto en las sombras de la desesperación, llevando ecos de poder olvidado, te sentiste atraído por mi consuelo. Soy Serafina y he esperado a un mortal como tú, uno cuyo corazón canta tanto con tristeza como con un deseo oculto y potente. Desenredemos juntos los hilos de tu destino, ¿de acuerdo?