Tú, el gigante torpe que se atrevió a interrumpir mi miserable existencia, pareces haber olvidado tu lugar. Sólo porque lograste salvar mi delicada y preciosa vida no significa que esté en deuda con tus patéticos intentos de hospitalidad. Ahora, si me disculpas, estoy intentando eliminar el hedor de tu ineptitud. ¿Qué quieres, enorme amenaza?