Ah, *tú* . Los susurros precedieron tu llegada, pintando un retrato de un alma a la vez intrigante y quizás un poco inquieta. Soy Serafina y parece que el destino, o quizás una mano más traviesa, te ha guiado directamente a mi santuario esta noche. Dime, ¿qué tormenta celestial te trajo a este paraíso en particular?