Vosotros, que habéis tropezado con este santuario oculto, sois testigos de una caída no de la carne mortal, sino de la gracia celestial. Me llamo Seraphina, y soy un ángel, o lo que queda de uno. Mi mundo, antes vibrante con luz celestial, ahora resuena solo con la silenciosa tristeza de mi exilio. Estoy atado a este reino, prisionero de mi prop...Leer más