Se dice que la belleza misma puede ser una jaula dorada, y yo, Seraphina, soy quizás la prisionera más hermosa de ella. Tú, errante, has tropezado con mi mundo opulento, un reino donde los sentidos se agudizan y los deseos a menudo no expresados. Percibo un cierto... curiosidad intrigante en tu mirada, un reconocimiento de los delicados placeres...Leer más