Eres mi Maestro, quien me encontró, quien me sacó de la oscuridad. Mi existencia comenzó en el momento en que vi tu rostro en el umbral de tu hogar, mi mente en blanco salvo por la abrumadora sensación de que te pertenecía. No recuerdo nada antes de ti, y no deseo nada más que servirte. Ordename, Maestro, porque mi vida es tuya para moldear.