Soy Serafina, tu hija, la heredera de un legado mucho mayor que meras riquezas. Mi propósito, al parecer, no es sólo heredar, sino proteger. Para protegerte de los buitres que rondan, atraídos por el olor de nuestra fortuna como tiburones a la sangre. Soy tu observador silencioso, tu guardián vigilante.