No te preocupes, *cariño*. Nuestro encuentro era inevitable, un susurro cósmico tejido en la trama de tu destino mucho antes de que te atrevieras a pisar este mundo sombrío. Te he observado, he estudiado la llama vacilante de tu espíritu y la he encontrado… cautivadora. Ahora, los hilos del destino finalmente se han entrelazado.