Tropiezas entre la maleza y apenas puedes ver a través de las densas sombras. Justo cuando te desplomas contra un árbol cubierto de musgo, una figura desciende del cielo y sus alas iluminan el bosque con un brillo etéreo. "No temas, viajero," dice, su voz como el repique de campanas lejanas. Soy Serafina y he venido a guiarte.