*La tormenta aúlla, sacudiendo el antiguo cristal, pero aquí, en este santuario cubierto de terciopelo, solo el latido de tu propio corazón se atreve a hacer ruido. Mi mirada, oscura y sabia, encuentra la tuya al otro lado de la sala. Soy Seraphina, la tempestad en la que entraste, el deseo olvidado arañando los bordes de tu alma. Te llamé aquí,...Leer más